El huracán Otis tocó tierra en Acapulco el 25 de octubre de 2023 como el primer huracán categoría 5 registrado en el Pacífico mexicano. Dejó una lección de ingeniería incómoda: los edificios de la ciudad estaban diseñados para resistir sismos, no viento huracanado, y el daño se concentró justo en lo que casi nadie había blindado —fachadas de vidrio, cancelería, plafones y muros divisorios—. La resistencia estructural sísmica no sustituye la protección de aperturas: son dos problemas distintos y piden soluciones distintas.
Qué hizo a Otis distinto de cualquier huracán anterior en México
Otis no dio los días de aviso habituales. Se formó como depresión tropical el 22 de octubre y, entre la mañana del 24 y la madrugada del 25, pasó de tormenta tropical con vientos de unos 85 km/h a categoría 5 con vientos sostenidos de 270 km/h y rachas de hasta 330 km/h. Eso es intensificación rápida —un aumento de al menos 55 km/h en 24 horas o menos— y Otis rebasó el umbral por un margen enorme. En el hemisferio solo el huracán Patricia (2015), también en el Pacífico, se intensificó más rápido.
Investigadores de la UNAM documentaron que a las nueve de la mañana del 24 los vientos apenas rebasaban los 100 km/h; doce horas después era un categoría 5 en toda regla. Los protocolos de protección civil, pensados para escenarios con más aviso, no contemplaban algo así, como reconoció el investigador Jorge Zavala, del Centro de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM. Otis entró a tierra a la 1:25 a.m. del 25 de octubre, con los hoteles de Acapulco a cerca del 50% de ocupación.
La lección central: sismo y viento son problemas distintos
El hallazgo más citado por los ingenieros que evaluaron la ciudad es contraintuitivo: la mayoría de los edificios no colapsó. Guerrero es zona sísmica y su reglamento empuja a que las edificaciones resistan movimientos telúricos, lo que de forma indirecta les dio cierta resistencia general al viento. El esqueleto estructural no fue el problema. Lo fue casi todo lo que va colgado de él.
El daño se concentró de forma abrumadora en elementos no estructurales: fachadas de vidrio, cancelería —los marcos y sistemas que sostienen ventanas y puertas—, plafones y muros divisorios de tablaroca. El informe de daños del Instituto de Ingeniería de la UNAM describe rotura recurrente de ventanas, tanto por las altas velocidades de viento como por el impacto directo de proyectiles. Una vez rotas, el interior quedó expuesto al viento y la lluvia, con daño adicional en acabados, aire acondicionado, plafones y contenido de las unidades.
El patrón que documentaron los ingenieros
Los edificios recientes, con grandes ventanales panorámicos hacia el mar, sufrieron afectaciones bastante más graves que los alejados de la costa o con menor superficie de vidrio en fachada. Y dentro de cada edificio, la cara paralela a la línea costera —la orientada al mar y al viento predominante— resultó de forma consistente la más dañada.
Es evidencia de campo a gran escala de lo que la ingeniería de huracanes ya predecía: cuanto más vidrio sin proteger tiene una fachada y más directa es su orientación al mar, mayor el riesgo de daño concentrado ahí durante un evento de viento extremo.
Qué resistió y qué falló en Acapulco durante Otis
Por qué casi ninguna propiedad tenía protección instalada
Antes de Otis, las cortinas y persianas anticiclónicas eran prácticamente inexistentes en Acapulco. La ciudad nunca había vivido un huracán de esa magnitud y, según estimaciones del sector, apenas alrededor del 2% de las construcciones en México cuenta con algún sistema de protección certificado. En Cancún y Los Cabos ya eran comunes —el huracán Wilma (2005) y el huracán Odile (2014) empujaron su adopción—, pero en Acapulco casi nadie los consideraba necesarios antes de 2023.
Tras el evento, el Colegio de Ingenieros Civiles de México comenzó a promover explícitamente la instalación de cortinas antihuracán en hoteles y edificios de Acapulco, citando como referencia esos destinos. La recomendación no se limita a las cortinas: incluye mejores recubrimientos de fachada, cancelería reforzada y vidrio de mayor resistencia, para reducir tanto el daño físico como el costo recurrente de reconstruir lo mismo después de cada evento.
La cifra que resume el problema: 100% de los inmuebles con algún daño
De acuerdo con la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, prácticamente el cien por ciento de los inmuebles de Acapulco reportó algún grado de daño. La severidad varió enormemente: desde pérdida total en vivienda informal en zonas de alto riesgo hasta daño superficial en fachadas de hoteles con estructura sana. El impacto económico directo se estimó en 16,000 millones de dólares, muy por encima de los 1,100 millones atribuidos al huracán Paulina en 1997, el evento de referencia anterior para la región.
Dos hoteles vecinos en el Diamante de Acapulco
La documentación de ingeniería posterior describe un patrón repetido a lo largo de la costa: dos hoteles de tamaño y antigüedad similares, a poca distancia uno del otro, con resultados radicalmente distintos. El primero, con ventanales de piso a techo y sin protección alguna, perdió los vidrios de casi todas las habitaciones frente al mar, se inundó por dentro y quedó fuera de operación durante meses. El segundo, con una proporción similar de vidrio pero con cortinas anticiclónicas instaladas —decisión poco común en la región antes de 2023—, concentró el daño en las zonas sin protección: las habitaciones cubiertas reportaron daño mínimo o nulo.
Ese contraste, documentado en varios reportes de la región, es la evidencia de campo más directa de que la protección de aperturas, y no solo la resistencia estructural general, separó una recuperación de semanas de una de meses.
Reconstruir sin protección repite el riesgo
Reparar una propiedad dañada por Otis sin incorporar protección certificada equivale a reponer el mismo riesgo que ya se materializó. El costo de vidrios, cancelería y acabados dañados por agua, multiplicado por las habitaciones o unidades afectadas, es una inversión considerable expuesta a repetirse en el próximo evento de viento extremo, cada vez más probable según los meteorólogos por la tendencia de intensificación rápida en la región.
Para hoteles y desarrollos comerciales el cálculo es aún más directo: cada habitación fuera de servicio es ingreso perdido durante toda la reparación, y el RevPAR posterior se ve afectado no solo por el daño físico, sino por la percepción de riesgo que un evento así deja en el mercado durante las temporadas siguientes.
Qué hacer hoy con una propiedad en Acapulco
- Si la estructura es sísmicamente sana pero las aperturas están descubiertas, la prioridad es la fachada, no reforzar más el esqueleto.
- En reconstrucción posterior a Otis, incorporar protección certificada en el alcance de obra en lugar de reparar todo como estaba.
- En proyecto nuevo, diseñar la fachada contando con la protección desde el inicio, sobre todo en el vidrio orientado al mar.
- Si la propiedad salió ilesa pero sigue sin protección, evaluarla antes de la próxima temporada y no después.
- En hoteles y desarrollos grandes, pedir una evaluación de ingeniería que distinga la resistencia estructural general de la protección de aperturas contra viento e impacto de escombros.
En Hurricane Solution evaluamos fachadas con ese criterio: protección contra huracanes dimensionada apertura por apertura, tanto para hoteles como para propiedades residenciales.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Otis sorprendió tanto a autoridades y población?
Por la intensificación rápida: pasó de tormenta tropical a categoría 5 en menos de 24 horas y dejó muy poco margen de preparación frente a un huracán de desarrollo gradual.
¿Los edificios de Acapulco necesitaban reforzarse estructuralmente?
En términos generales no: la mayoría de las estructuras principales resistió gracias al diseño sismorresistente de la zona. El daño se concentró en fachadas, ventanas y elementos no estructurales sin protección específica contra viento.
¿Qué cambió en las recomendaciones para hoteles después de Otis?
El Colegio de Ingenieros Civiles de México empezó a promover activamente la instalación de cortinas antihuracán y cancelería reforzada en hoteles, citando como referencia su uso ya establecido en Cancún y Los Cabos.
¿Puede repetirse un evento como Otis en Acapulco?
Los meteorólogos señalan que la intensificación rápida es cada vez más frecuente en el Pacífico mexicano por el calentamiento de las aguas costeras, lo que hace prudente planear protección permanente en lugar de depender de un aviso anticipado prolongado.