Lo que Rachel nos enseñó en Vallarta
El miércoles 30 de septiembre, poco después de la medianoche, Rachel se convirtió en huracán a unos 400 kilómetros de Puerto Vallarta. Por la mañana, la pregunta que más se repetía en noticias y redes desde la bahía era la misma: ¿va a pegar? El pronóstico decía que no, y para la mayoría de la gente esa respuesta cerró el tema.
Para quien opera un hotel o cuida una propiedad frente al mar, creo que la pregunta útil era otra. Rachel no entró a la bahía, pero dejó varias lecciones que conviene anotar mientras están frescas, porque la temporada del Pacífico sigue abierta hasta el 30 de noviembre.
En este artículo explico:
- Qué significa en la práctica que un huracán pase “mar adentro”.
- Por qué la orientación de los ventanales en la Bahía de Banderas cambia el nivel de riesgo.
- En qué momento debería un hotel desplegar su protección, y por qué ese momento llega antes de lo que parece.
- Qué haría yo esta semana con la información que Rachel nos dejó.
Lo que pasó con Rachel, con datos
Antes de sacar conclusiones, conviene tener claros los números. Según el aviso del Centro Nacional de Huracanes de la mañana del 30 de septiembre:
- Rachel estaba a unos 350 km al suroeste de Cabo Corrientes y, según la Secretaría de Marina, a unos 403 km al suroeste de Puerto Vallarta.
- Tenía vientos sostenidos de 140 km/h y se movía al noroeste a 17 km/h.
- El pronóstico anticipaba intensificación rápida, con posibilidad de alcanzar categoría mayor en un día o poco más.
- La trayectoria la alejaba del continente, con un giro hacia el oeste y paso al sur de Baja California.
- Había aviso de tormenta tropical de Punta San Telmo a Playa Pérula y vigilancia de Playa Pérula a Cabo Corrientes. Vallarta quedó justo al norte de esa zona.
En resumen, fue un sistema fuerte que pasó lejos. Aun así, Protección Civil mantuvo vigilancia en la costa, la Universidad de Guadalajara suspendió clases en planteles de la región y el SMN pronosticó lluvias de hasta 150 mm para Vallarta y oleaje de 4 a 6 metros en la costa de Jalisco.
“Mar adentro” tiene un radio de 260 kilómetros
Cuando escuchamos que un huracán pasa mar adentro, solemos imaginar un punto que se mueve lejos de la costa. En realidad, un huracán es un sistema de cientos de kilómetros de diámetro.
En el caso de Rachel, los vientos huracanados se extendían hasta 35 km desde el centro, pero los vientos de tormenta tropical (de 63 km/h en adelante) llegaban hasta 260 km. Con el centro a unos 350 km de Cabo Corrientes, el borde de ese campo de viento quedaba a menos de 100 km de la costa. Una desviación pequeña o un crecimiento del sistema al intensificarse habrían cambiado bastante las condiciones en la bahía.
Hay además tres riesgos que no dependen de que el ojo se acerque:
- Las rachas en bandas de lluvia. El boletín reporta viento sostenido, pero los vidrios se rompen con ráfagas de unos segundos que coinciden con un objeto suelto en el aire.
- La lluvia impulsada por viento. Cuando el agua viaja casi horizontal entra por rieles de puertas corredizas y sellos que funcionan bien con lluvia normal. Es el daño que más habitaciones deja fuera de servicio en eventos que “no pegaron”.
- El mar. Los negocios del Malecón ya habían puesto costales de arena una semana antes, cuando pasó Polo. Con Rachel el oleaje volvió a subir aunque el viento en tierra fuera moderado.
La vista que vende la habitación es la abertura más expuesta
Esta es, para mí, la lección más específica de Vallarta. Buena parte de los hoteles y condominios de la Zona Hotelera, la Zona Romántica y Conchas Chinas tienen sus ventanales más grandes orientados al oeste y al suroeste, porque ahí está el atardecer. Rachel pasó exactamente por el suroeste.
Eso significa que el oleaje, la lluvia y las rachas llegaron contra la cara del edificio que tiene más vidrio, más superficie expuesta y el costo de reemplazo más alto. Cuando una de esas aberturas falla, además, el viento entra y presuriza la habitación o el pasillo. Esa presión interna se suma a la succión exterior sobre techos y muros, y un vidrio roto puede convertirse en un problema estructural mayor.
Cuando evalúo una propiedad en la bahía, empiezo por esa fachada. No importa tanto cuántas ventanas tiene el edificio como cuáles miran hacia donde suelen pasar los ciclones.
Lidia nos recordó cuánto puede cambiar un pronóstico en un día
Vallarta tiene buenas razones para sentirse relativamente protegida. La Sierra Madre y la forma de la bahía ayudaron durante Patricia en 2015, y la Secretaría de Turismo lo reconoció públicamente en ese momento.
Pero en octubre de 2023, Lidia se intensificó hasta categoría 4 en menos de un día y tocó tierra cerca de Las Peñitas, a unos 120 km al sur de Vallarta, con vientos sostenidos de 220 km/h. Los reportes de esos días describen comercios tapiando ventanales pocas horas antes de la llegada y personas sorprendidas por la velocidad con la que cambió todo.
El NHC anticipaba para Rachel una intensificación rápida parecida, aunque lejos de la costa. Si juntamos esos dos hechos, la conclusión práctica es que un plan de huracanes en Vallarta debe funcionar con horas de anticipación, no con días.
El reloj que importa: los vientos de tormenta tropical
La regla que más repito a los equipos de mantenimiento es sencilla: la instalación debe terminar antes de que lleguen los vientos de tormenta tropical, no antes de que llegue el huracán. Trabajar en balcones, escaleras o azoteas con rachas de 60 km/h es peligroso para el personal y produce instalaciones mal hechas.
Para un hotel, yo lo organizaría en tres niveles:
- Alistamiento. Hay un ciclón activo con posible efecto en la zona, como Rachel esta semana. Se revisan anclajes, se cuenta el inventario de lonas o paneles, se confirma quién está capacitado y se retira mobiliario suelto de terrazas y azoteas.
- Despliegue parcial. La zona entra en vigilancia o el pronóstico se acerca. Se protegen primero los ventanales grandes orientados al mar y las puertas corredizas de planta baja.
- Despliegue completo. Hay aviso de tormenta tropical o de huracán. Todo el envolvente queda protegido y el personal se retira antes de que el viento haga inseguro el trabajo exterior.
Un ejemplo que usamos con frecuencia es el de un hotel de 2,500 habitaciones con edificios de nueve pisos que necesitaba protegerse en un solo día. Mover miles de lonas por el complejo en esas condiciones era imposible, así que la solución fue guardar cada lona enrollada y anclada en la parte superior de su propio balcón. Ante una amenaza, basta con desenrollarla y anclarla abajo, en unos 3 a 5 minutos por habitación. Lo que resolvió el problema fue tener la protección en el lugar donde se necesitaba antes de que hiciera falta.
Vidrio de impacto: lo que protege y lo que no
Es la pregunta que más recibo de propietarios en Vallarta, y la respuesta honesta tiene matices.
El vidrio de impacto certificado está diseñado para que un proyectil no atraviese la abertura. Las pruebas, como las de la norma ASTM E1996, evalúan si el sistema sigue cerrado después del impacto y de ciclos de presión. Un vidrio puede estrellarse y aun así aprobar. Eso protege a las personas, que es su objetivo principal. Para un hotel, sin embargo, deja tres problemas:
- El vidrio estrellado hay que reemplazarlo, y en paneles grandes eso puede tardar semanas en la región (lo digo como estimación basada en lo que hemos visto, no como un dato publicado).
- La habitación sale del inventario mientras llega el reemplazo.
- Los sellos y la cancelería siguen expuestos a la lluvia con viento.
Una protección exterior recibe el impacto antes que el vidrio y reduce la presión directa sobre la ventana. Para ventanales grandes frente al mar, la combinación de ambas cosas es la configuración más conservadora. Para ventanas pequeñas en fachadas protegidas, el vidrio de impacto solo puede ser suficiente.
Checklist: preguntas para su equipo o su proveedor
Si Rachel le dejó dudas sobre su propiedad, estas son las preguntas que yo haría esta semana:
- ¿Cuáles son las tres aberturas más grandes orientadas al suroeste y en cuánto tiempo podemos protegerlas?
- ¿Cuánto tardamos realmente en desplegar la última vez? ¿Alguien lo midió?
- ¿Tenemos la protección almacenada cerca de donde se instala, o hay que moverla por todo el edificio?
- ¿Quién está capacitado hoy para instalarla y quién lo reemplaza si no está?
- ¿Qué nivel de impacto soporta nuestro sistema y dónde está el número de expediente de esa prueba?
- ¿Por dónde entró agua con la lluvia de esta semana, aunque haya sido poca?
En resumen
- Rachel pasó lejos de Vallarta, pero su campo de vientos de tormenta tropical tenía 260 km de radio y trajo lluvia, oleaje y rachas.
- En la bahía, las fachadas orientadas al suroeste concentran el riesgo porque ahí están los ventanales más grandes.
- Lidia demostró en 2023 que un ciclón puede pasar de tormenta a categoría 4 en menos de un día.
- La protección debe terminar de instalarse antes de que lleguen vientos de 63 km/h.
- El vidrio de impacto protege a las personas, y la protección exterior protege además la operación del hotel.
Un ciclón que pasa lejos nos da la oportunidad de revisar el plan sin pagar el precio de un impacto directo. Yo aprovecharía estos días para anotar cuánto tardó el equipo, qué faltó y qué puertas dejaron pasar agua, y convertir esa lista en el primer proyecto antes del siguiente sistema.
Más información
- Guía completa para hoteles y propietarios: Huracán Rachel y Puerto Vallarta: qué deben hacer hoteles y propietarios frente al mar
- Cómo organizamos el despliegue en hoteles: Despliegue en hoteles
- Aviso oficial del NHC sobre Rachel: National Hurricane Center