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¿Un huracán se lleva el sargazo? No como creemos

Cada vez que aparece una tormenta en el mapa de Quintana Roo, en la playa se hace la misma pregunta: ¿nos va a limpiar el sargazo?

La respuesta corta es: sí, por dos días. Y luego lo regresa.

Lo he visto por más de 15 años protegiendo hoteles desde Cancún hasta Tulum. La gente piensa que el huracán se lleva el alga del mar. No es así. Lo que hace es revolver la playa.

Las olas grandes arrancan el sargazo que ya estaba en la arena y lo avientan mar adentro. Por un momento la playa se ve limpia. Muy limpia. Pero esa alga no desaparece. Sigue flotando allá afuera, en millones de toneladas. Y como el sargazo se rompe en pedacitos y cada pedacito sigue creciendo, al final hay más balsas pequeñas, no menos.

Luego viene la segunda parte, que es la que casi nadie cuenta. Después de que pasa la tormenta, el viento gira. Y ese viento que regresa por la parte de atrás del sistema sopla justo hacia nuestra costa, del este y sureste. Ese es el viento que nos trae el sargazo todos los años. Entonces, a los 4 o 5 días, el mar te regresa todo y a veces más.

Nos pasó clarísimo con Beryl en 2024. Tocó tierra en Tulum como categoría 2. No hizo mucho daño a los hoteles. Pero a los dos días, playas como Playa del Niño, en Cancún, amanecieron completamente cubiertas de sargazo. Tuvimos compañeros hoteleros que tuvieron que traer cuadrillas de 18 hoteles para limpiar antes de que llegaran los turistas de verano. No fue la tormenta. Fue el viento de después.

Y en 2020 pasó al revés. Ese año tan activo de huracanes movió tanto las corrientes que nuestras playas en Playa del Carmen se quedaron limpias de octubre hasta marzo. La gente pensó que ya se había acabado el sargazo. En mayo de 2021, regresó con todo.

Por eso siempre les digo a los gerentes de hotel: no vean el sargazo solo como un problema de limpieza. Véanlo como lo que es, un problema de operación.

Cuando el sargazo llega fuerte, es como si te cerraran tu alberca principal. No es solo recoger el alga. Es el olor a huevo podrido que se queda, que pica en la garganta y que no deja que tu personal esté ocho horas seguidas limpiando. Es el huésped que cancela, que no se mete al mar, que sube la foto a TripAdvisor.

No hay una varita mágica que se lleve el sargazo del océano. Lo que sí podemos controlar es cómo nos preparamos antes.

En la Riviera Maya tenemos una ventaja: nuestra costa mira al este, entonces ya sabemos qué vientos lo traen. Viento del este, sureste = el sargazo viene. Viento del oeste, suroeste = la playa mejora. Con solo 10 o 15 nudos —una brisa normal— una playa puede pasar de limpia a llena en un día.

Si sabemos eso, podemos planear. ¿Dónde vamos a poner la barrera? ¿Dónde va a trabajar la cuadrilla? ¿Qué le vamos a ofrecer al huésped cuando ese día no se pueda nadar? A veces la respuesta es la alberca, a veces es un cenote, a veces es llevarlos al lado oeste de Cozumel, que siempre está protegido.

Un huracán no lo podemos controlar. El sargazo tampoco. Pero sí podemos controlar si lo esperamos con un plan o lo esperamos improvisando.

Y en esta costa, improvisar siempre sale más caro.

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