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El coronavirus es devastador. Un huracán de categoría 5 también. ¿Qué pasa si ocurren ambos al mismo tiempo?

Han pasado casi dos meses desde que el primer caso del nuevo coronavirus (Covid-19) fuera detectado en América Latina y el Caribe. El Covid-19 ha cobrado al menos 8,500 vidas e infectado a más de 166,000 personas en la región, lo cual ha ejercido presión en los sistemas de salud de nuestros países, hecho estragos en nuestras economías y paralizado nuestras vidas. ¿Qué podría ser peor? Añada la ocurrencia de un desastre causado por un fenómeno natural.

Las agencias de protección civil y de gestión de riesgo de la región ya redoblan esfuerzos ante la posibilidad muy real del traslape de la propagación del nuevo coronavirus con una amenaza que, si bien es más familiar, no deja de ser mortífera. Si los modelos epidemiológicos no se equivocan y el pico de la crisis sanitaria ocurre durante el verano, la crisis del coronavirus coincidirá con la temporada de huracanes. Quedan menos de dos meses para que esta temporada inicie el 1 de junio.

De todas las temporadas de huracanes, daría un enorme respiro que la de 2020 fuera muy tranquila. Pero las noticias no son muy alentadoras al respecto. A inicios de abril se publicó el primer pronóstico de huracanes, preparado por la Universidad Estatal de Colorado, que anticipa una temporada más activa de lo normal. Para 2020, el reporte vaticina que durante esta temporada ocurrirán 16 tormentas bautizadas, entre ellas 8 huracanes. El análisis concluye que hay un 58% de probabilidad de que los países del Caribe sean azotados por al menos un huracán de categoría 3, 4 o 5. Esta valoración es 16 puntos porcentuales superior al promedio histórico de los últimos 100 años.

Un factor que explica el incremento esperado en la frecuencia de huracanes este año es que las tendencias climáticas apuntan a la generación de corrientes frías en el Pacífico ecuatorial, generando condiciones más propicias para la formación de tormentas extremas.

El dilema es qué hacer ante una crisis invisible y otra impredecible

Durante una pandemia, ¿qué soluciones pueden ofrecer los gobiernos de la región de forma expedita si un desastre natural es inminente?

Algunos países han adoptado protocolos existentes de respuesta ante desastres para hacer frente a la pandemia con una perspectiva multirriesgos. México gestiona la crisis sanitaria como suele hacerlo con los huracanes y otros siniestros activando su Plan de Auxilio a la Población en Caso de Desastres, también conocido como Plan DN-III-E. Igualmente, el Sistema de la Integración Centroamericana, que incluye a todos los países de América Central y República Dominicana, puso en marcha un Plan de Contingencia Regional frente al Coronavirus, que incluye lineamientos originados en su mecanismo de asistencia humanitaria ante desastres, como el lanzamiento de mensajería instantánea en WhatsApp para mantener informada a la población sobre acciones para contrarrestar la propagación del Covid-19. Un servicio similar fue implementado por el Centro Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres en Brasil.

Otros países optaron por herramientas virtuales.  La Cruz Roja ha comenzado a habilitar protocolos de asistencia remota en caso de desastres en el Caribe, empleando herramientas virtuales como FaceTime, con el objetivo de minimizar la proximidad física y exposición al virus.

Uno de los primeros países donde se materializó una amenaza en plena pandemia fue Croacia, cuya capital, Zagreb, fue afectada por el sismo más intenso en los últimos 140 años, en paralelo con un confinamiento parcial. Dentro de América Latina, Colombia también ha sufrido de terremotos fuertes. Las labores de recuperación en ambos países reflejaron una realidad que no es fácil de digerir: los lineamientos de distanciamiento social tuvieron que ser sacrificados en situación de emergencia.

Cuando un desastre golpea y un virus no se detiene: lecciones hacia el futuro

La evidencia muestra que mejorar la gobernabilidad del riesgo de desastres es una estrategia efectiva para reducir la vulnerabilidad de la población. Esto es particularmente importante para los países del Caribe, que en general tienen las condiciones de gobernabilidad del riesgo de desastres más frágiles de la región, de acuerdo con información del RiskMonitor del BID.

¿Cuáles son cuatro estrategias de política pública ante un doble desastre que nuestros países podrían considerar?

Primero, sumar la dimensión de epidemias a los marcos de gobernabilidad existentes si éstos solo consideran amenazas naturales, para que sea más fácil adoptar instrumentos de política de gestión del riesgo sectoriales y territoriales ante futuras crisis sanitarias.

Segundo, asignar recursos al sector salud para realizar actividades de reducción de riesgo de desastres. De acuerdo con el Índice de Políticas Públicas en Gestión de Riesgos de Desastre del BID, solo Argentina, Colombia y Perú disponen de ellos, entre los 26 países miembros del Banco.

Tercero, articular políticas públicas integrales para que las acciones de salud de cara a una pandemia y las de gestión de riesgos de desastres en situación de emergencia no se contrapongan articulando, por ejemplo, planes de evacuación en caso de desastre en estado de pandemia. En el caso del Covid-19, ¿debe la sociedad acatar las órdenes de evacuación exponiéndose al virus o mantener el distanciamiento social quedándose en casa y esperar no ser afectada por un desastre?

Cuarto, determinar criterios de priorización holísticos para un manejo oportuno y transparente de recursos, manteniendo un balance entre la habilitación de una efectiva gestión riesgo de desastres y rápida contención epidémica, que identifiquen grupos de atención prioritaria y sectores económicos estratégicos.

Esperar a que un desastre natural y una pandemia no ocurran al mismo tiempo no debe ser el plan de acción de los países de la región. Es necesario que los gestores de riesgos se preparen vigorosamente con soluciones para minimizar las consecuencias de escenarios multidesastre. Miles de vidas dependen de ello.

La Organización Meteorológica Mundial ya definió los nombres de los huracanes de la temporada 2020. Ni Arthur, Bertha o Cristóbal esperarán a que se detenga la propagación del coronavirus. ¡Hay que actuar ya!

Fuente: IADB

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